Las ocho cruces de Iguacel.

Proyecto de fotografía documental

“Cuando desaparece un pueblo se pierde con él una parte de nuestra memoria histórica. Por insignificante que haya sido su papel en el devenir de una comunidad, el hecho de que el grupo humano que lo habitó un día se separe y abandone sus raíces produce en sus miembros una herida profunda. Porque esa desaparición supone el fracaso de un sistema de vida, de una sociedad a la que no se pudo o no se supo socorrer a tiempo”

“La Garcipollera, memoria de un valle” de Pascual Calvo Ramón, natural de Larrosa, último secretario de Castiello y del valle de La Garcipollera


La Garcipollera siempre se consideró un valle pobre o seco, a diferencia de sus vecinos ricos (Ansó, Hecho, Tena o Bielsa). No se sabe con certeza si sus habitantes llegaron alguna vez a alcanzar un nivel de vida superior al de vivir de lo que no gastaban.

“Pan tierno y leña verde, la casa pierde” (Rosalia Estua – Bergosa)

Una vida dedicada al cultivo de cebollas en alta montaña (hasta 1200m. de altitud) y la transhumancia solo permitían una economía de supervivencia. La vida pasaba entre trabajo y descanso con muy pocas ocasiones para el disfrute, salvo en fiestas patronales, algunas celebraciones familiares y el mayor festejo del año, la romería a la virgen de Iguacel.


Ya en tiempos de Primo de Rivera se declaró a La Garcipollera bien de interés nacional para la repoblación forestal, pero fue después de la guerra civil, al construir el pantano de Yesa, cuando se vió que el rio Ijuez colmataba el futuro pantano. En ese momento se decidió realizar la expropiación y venta de los pueblos.


La mayoría de los vecinos aceptó de buen grado. La tradición, los sentimientos y la nostalgia no pudieron contra la esperanza de un futuro mejor.


En 1956 se empezaron a adquirir los terrenos y a repoblarlos con coníferas. Se introdujo también fauna cinegética autóctona creando en 1962 el Coto Nacional de Caza de La Garcipollera.

A finales de los años 60, La Garcipollera era un valle despoblado en el que solo quedaban los restos de todas las gentes que un día trabajaron y lucharon por sobrevivir. ¿Despoblado?¿Seguro?

Laminas presentadas para el trabajo documental

2 comentarios en «Las ocho cruces de Iguacel.»

  1. Victoria Trigo Bello dice:

    Hola Ana: conozco los lugares fotografiados y también esos textos, o buena parte de ellos. Mucho ánimo en este trabajo para conocer y divulgar la historia de La Garcipollera

    Responder
    1. Ana Arbones dice:

      Muchas gracias Victoria, me alegro de que te haya gustado, un honor viniendo de tí.
      Espero poder desarrollar este trabajo de forma profesional. Ganas y cariño por el proyecto no me faltan, como siempre es el dichoso tiempo el que decidirá si consigo terminarlo antes o después.
      Saludos.

      Responder

Responder a Victoria Trigo Bello Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.